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Un dolor que se repite

 ¿Cómo despedirme del amor de mi vida? ¿Y cómo se puede gestionar esto a diario?


No lo admití cuando me lo pediste expresamente. No lo admití cuando estaba ignorado. No lo admití cuando pensé que todo estaba acabado. Mi corazón no lo admitió cuando mi razón le dijo que era lo más lógico.


Ahora, aunque sé que es temporal, tengo que decirte adiós cada día. Y cada día, se me parte el alma. No quiero irme. Hoy te lo he dicho claramente. No quiero cada vez que me bajo del coche, cada vez que te veo cerrar la ventana o cada vez que te mando el último mensaje del día. Esas despedidas sólo me llevan a empezar a pensar, si no lo he hecho ya antes, ¿cuándo es la próxima vez que te veo y que puedo sentirte?.


A veces soy muy pesado (y no digas: muchas veces aunque sea así!), pero es porque no me conformo con esta situación. Quiero llegar a ese mundo en el que me levanto a tu lado, me acuesto a tu lado, y no te tengo que decir adiós nunca. 


Esta situación es pasajera, pero si pudiera, la cambiaría mañana mismo.


No se puede medir el amor que una persona siente por otra. No se puede cambiar el sol por la luna. No se puede comprar el tiempo. No se puede gestionar las cosas que afectan a más personas.


Porque si todo esto se pudiera hacer, ya lo habría hecho. No quiero sentir durante más tiempo esa sensación de perderte cada día.

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