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Maid

Maid no era un hombre que la gente pudiera considerar fuerte. Como mucho atlético. Pero dentro de lo que había, le habían elegido la mejor opción. Ya empezaba a perder la noción del tiempo y de los días, pero se habían estrellado en un avión cerca del desierto. Aunque los habían buscado, los medios de rastreo eran muy precarios en esa primera época de vuelos comerciales. Tras analizar la situación, y votar entre todos, decidieron dar una mochila con víveres y agua a la persona que consideraron más capaz. 

Maid era una persona religiosa, de hecho, se dirigía a una misión en el corazón de África como recién noviciado. Tenía la calma propia de la gente beata y la fortaleza que puede dar un cuerpo con veintipocos años. Por eso todos le votaron unánimemente.

El aterrizaje forzoso había dejado 51 muertos y otros 22 heridos, algunos de mucha gravedad. Sacó lo mejor de todos los supervivientes que, dentro de las capacidades de cada uno ayudaron como podían. Sólo 6 personas se podían considerar ilesas. Habían tenido la suerte de encontrarse en la parte del avión que partió en el golpe, y que no tuvo ni llamas, ni otro golpe que no fuera el inicial.

Habían pasado una semana y tenían claro que la tormenta que les hizo estrellarse les había sacado de la ruta prevista. No había sobrevivido nadie de la tripulación para poder contarlo, ni tampoco los aparatos electrónicos que por aquel 1850 existían permitían gestionarlo ni anticiparlo. Aún les quedaba comida, y habían hecho un buen refugio entre los restos del avión, la propia naturaleza y lo que habían ido recuperando de las maletas y bultos de la bodega, pero sabían que tenían que pasar a la acción. 

Maid llevaba días de caminata en la dirección que él consideraba era la correcta. Tratando de no desviarse de las indicaciones que entre todos habían fijado. Caminaba firme pero bastante débil por el racionamiento voluntario que se exigía para poder llegar a ese posible destino. Al principio rezaba, pero empezó a hablar con Dios. Bueno, realmente empezó a preguntarle: - _¿Voy por buen camino, Señor? Los demás me necesitan y no puedo fallarles._ 
Preguntaba cosas constantemente fruto de su agotamiento físico y mental. Sabía que iba a llegar al destino, pero ¿cuándo sería eso? Hablaba y hablaba hasta que en un momento escuchó una voz: - _Detrás de esa loma_. Maid sin saber por qué, aceleró el paso, camino rápido, luego corrió y exhausto, casi cayéndose en cada zancada, alcanzó lo más alto. De repente, cuando sus ojos pudieron divisar nuevos valles y más montañas, volvió a escuchar esa voz, esta vez riéndose.
- _¿Por qué? No es necesario que te rías de mí._ 
Y entonces se dijo a si mismo: - _Por mucho que caiga el desánimo, seguiré mi camino hasta el final._
Maid estaba convencido que la voz era su conciencia y no se planteaba nada más, pero cuando calló la tarde, la volvió a oír: - _Mira detrás de ti_. Se giró asustado. Abajo, en el valle que acababa de atravesar, donde había solo dunas y arena, ahora había un oasis con todo tipo de árboles frutales.
- _¿Quién eres?_
- _Sólo alguien que te puede ayudar._
- _¿Y cómo me puedes ayudar?_
- _Sólo tienes que volver sobre tus pasos. En ese oasis hay todo lo que tú necesitas._
- _Pero es que yo no quiero nada. Quien me necesita son el resto de las personas que me esperan. Esperan que regrese con ayuda. ¿Ahí hay gente?_
- _No, esto es sólo para ti._
- _Pues entonces, no te haré caso. En la vida hay caminos fáciles, pero yo cogeré el que sea necesario, no el mejor para mí._
Se repetía una y otra vez, que seguiría hasta el final. Esa noche durmió sabiendo que llegaría.
Al día siguiente la voz volvió justo en un punto en el que el camino podía ir en dos direcciones. La voz le dijo: - _por la izquierda acortarás 1 día_. Pero Maid, instantáneamente fue por la derecha. Se dijo a sí mismo: - _En la vida no hay atajos. No me desviaré de la ruta que marqué junto a mis compañeros. Si por este camino tardo 1 día más, es porque así tiene que ser. Es lícito querer que las cosas sucedan, pero pasarán cuando tengan que pasar._
La voz había sido “derrotada” una vez más, pero no se dio por vencida. Esta vez apareció físicamente con la forma de un gran león de bruma. Maid se detuvo. Y el león comenzó a soplar desde lo alto. Rápidamente se formó una gran tormenta de aire y lluvia. Salía de la boca del león, que sólo paró para decir: _Para Maid. Si paras, yo te ayudaré_. Maid le gritó: _Tengo la certeza que tengo que seguir. Puedes soplar todo lo fuerte que quieras. Da igual si cada día doy un único paso. Será un paso más que daré para ayudar a mis amigos._
El león se detuvo, desapareció con la misma rapidez que desapareció el viento. Maid, había demostrado *firmeza, empeño, empatía, determinación y coraje*, porque tenía una meta y quería cumplirla. Y cuando todavía estaba quitándose la arena de la cara, Maid escuchó otra voz. Esta le brotó de lo más profundo de su alma. Reverberó en su pecho: - _Ahora sí, Maid, lo has merecido_. Y sin saber si antes estaba allí o no, Maid vió la ciudad Abakar, que era su primera parada para cumplir la meta que le habían encomendado.

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