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La ardilla

Una ardilla se afanaba en recoger bellotas mientras otra miraba. Esta segunda le dijo a la primera: te veo recoger y recoger bellotas desde hace meses. No he visto tu madriguera, pero creo que tienes fruto recogido para dos inviernos. A pesar de todo, no dejas de recoger.

La primera no se habia dado cuenta de la presencia de la segunda. Ni siquiera que la observaba desde hacía minutos. Estaba atareada y concentrada. Pero paro para explicarle: yo no calculo lo que necesitamos. Hago esto porque lo tengo que hacer. Porque me gusta hacerlo. Y porque a quien me necesita, nunca le falte de nada. Vivo para servir y siempre pienso en los demás.
La segunda se sorprendió de la respuesta. Tenía que replicar. No podía quedar peor moralmente. Y le dijo: eso esta muy bien, pero seguro que esos a los que tanto ofreces, luego no responderán como tu esperas. Ellos no piensan en ti. Seguro que luego te decepcionan.

No tenía ganas de contestar, pero tuvo que hacerlo: si das esperando una contraprestacion, es que no estás dando, estas vendiendo o intercambiando. Yo no espero. Doy sin más. Es lo bonito de dar. Quien da lo que tiene, da y recibe algo no material: la satisfacción. Bajo la cabeza, y continuo con su misión. Había vuelto a dar, aunque la segunda no se habia dado cuenta.

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