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Cruce de caminos

 La reciente mañana da al bosque un frescor especial. La senda es clara pero estrecha. Hay helechos a ambos lados que lo delimitan y a veces parecen querer comerse el camino. 


Ando con paso alegre. Con la alegría que dan las primeras horas del día, y la ilusión de adentrarse en el misterio de la soledad del bosque. Cuanto más profundo, más bonito, aunque sea tupido.


Llevo una pequeña mochila, pero con todo lo necesario. El bosque siempre puede sorprenderte y hay que llevar un mínimo por si las moscas.


Y cuando el camino me saca de mis habituales pensamientos, y me adentra en una vista de colores naranjas, verdes oscuros y marrones, cuando el caminar se vuelve algo inconsciente, cuando cada paso se siente en el corazón, y el corazon sube a la garganta por el esfuerzo, llega un cruce.


¿Qué camino escoger? ¿Subir o bajar? Siempre subir. Aunque luego el camino engañe y no suba. ¿Por qué? Porque siempre me ha gustado la sensación de llegar a la cima, siempre me gusta esa pizca de esfuerzo, porque si te esfuerzas obtienes recompensas, porque evito lo fácil, porque basta que el bosque te rete para que le eches huevos a la vida.


La vida es así:

• Un bosque en el que no siempre ves las metas.

• Caminos que te hacen tomar decisiones.

• Frescor matinal, y también cansancio al atardecer.

• Un pasado que cargamos en la mochila.

• Un reto permanente en la que nunca sabes si subes o bajas.


Y aquí me encuentro. Dentro de un bosque que se cierra bien profundo. Sin tener claro si voy a llegar a la cima, aunque la desee con fuerza. Con fuerza matinal, aunque me encuentre en el ocaso. Con una mochila que pesa muchísimo, pero que voy aligerando poco a poco. Sin saber si he escogido el camino fácil que baja o el difícil que sube. Creyendo que el difícil será el bueno definitivamente.  Y echando un par de huevos a la vida.


Las vistas de la cima son impresionantes. Merece la pena madrugar, esforzarse y alcanzar el final del camino. Hay que escoger bien, hay momentos que dudas, pero hay que conocer un poco el bosque. La satisfacción y la recompensa hacen olvidar el esfuerzo, el peso cargado y cualquier error del camino.

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