Te veo como la mujer de mi vida.
No quiero cambiarte en nada. Te quiero tal como eres.
Te buscaría una y otra vez si fuera necesario sin importar lo lejano que tuviera que ir.
Me siento orgulloso de luchar por ti, incluso de haberme arrodillado. No me avergüenzo de haber sufrido por lo que quería.
Me siento orgulloso de como me miras, y de ver en tus ojos cómo me quieres. Hay que decir muchos "te quieros" pero hay miradas que hablan.
Hay días que el reloj se mueve con el segundero, otros con el minutero y otros con la aguja de las horas. Para bajar, primero hay que subir. Y a veces la cuesta es muy empinada.
El final está ya escrito. Un anillo nos recuerda un compromiso. Pero no hay promesa más fuerte, que ir de la mano, agarrando con fuerza y tener un objetivo compartido.
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