Primero comenzó la pasión. Los besos furtivos, los escondites para desatar nuestra pasión, el conocernos. También nuestros primeros enfados porque no siempre encajábamos. Porque no siempre estábamos alineados en todo.
Luego llegó la madurez, con días de confesiones. Con
lloros compartidos. Con sinceridad infinita. Contando siempre todo lo que nos
sucedía. Lo que daba alegría y lo que daba frustración. Lo que nos gustaba y lo
que no. La relación empezó a ser más cariñosa y consciente.
Y llegaron las decisiones. O mejor dicho la falta de
ellas. Llegaron las gordas, lo que nos permitió compartir momento de vida.
Momentos increíbles. Pero a la vez nos alejaba cada vez más. Vivimos cada vez
más cerca físicamente, y cada vez más lejos en ese posible futuro.
Fruto de todo esto, dijiste basta. Decidiste que no era
el camino adecuado. Y quisiste ordenarlo a tu manera. A pesar del tiempo, a mi
nunca me venía bien, ni me encajaba en el planteamiento. Me resistí, pero, tal
como te dije, nos fuimos alejando poco a poco. Tengo pistas en mi móvil de días
en los que pude tener un recuerdo al pasado. Momentos puntuales en los que nos
soltamos, pero que no dejaban de ser una gota en el mar.
Entramos en una zona oscura, en la que prefiero no entrar
en detalle, pero en la que no puedo evitar dos frases: “he perdido la confianza
en ti” y “no te reconozco”. Y te aseguro que decir esas frases, cuando eras la
persona que eras, y que siempre he querido que fueras, me costó horrores. Traté
de ponerte ejemplos tontos, para que retomaras la confianza de decirme las
cosas como eran. Traté de hacerte ver que sabía muchas cosas que negabas, pero
cuando lo hice, siempre discutimos, tuve que pedir perdón por cosas en las que,
creo, tenía razón, pero …
Y metido en ese pozo oscuro, te elegí. Nunca había dejado
de elegirte. Cada vez que veía que nos alejábamos y te lo decía, te elegía.
Cada vez que discutía contigo porque veía que no eras sincera, te elegía. Cada
vez que tuvimos relaciones, te elegía. El día que no pude más, y quise poner
todo a las claras, y que vieras que esto iba muy en serio, te elegí.
Y cuando creí que tendría que replantearme la vida,
porque todos esos años ya no iban a volver, dijiste la frase: “te elijo a ti”.
Lo que viene es la relación más madura que hayamos
tenido. Con decisiones claras y sin fisuras. Sin perder la pasión inicial. Con
grandes problemas futuros, y cero miedos a ellos porque los afrontaremos
juntos. Nos falta que esto arranque y que empiece a tener forma. Y esto es
necesario para que esa zona oscura se vaya. Se vaya hasta de la parte más
subconsciente.
Comentarios
Publicar un comentario